París, Londres, Samitier y Gorostiza, amalgamaban radio telepáticamente su incondicional empírico. Esta tontería la decía el suegro de mi hermano que, por cierto, era un señor de apariencia seria pero muy gracioso. Esta divagación viene a cuento de comparar dos ciudades que he visitado en los últimos tiempos: París y Ámsterdam. Y la sorpresa fue mayúscula ya que todos pensamos que París es la ciudad ideal, perfecta, la ciudad de la luz y del amor, que se dice.
Nada más lejos de la realidad. Visité París en 2023 y me encontré una ciudad agresiva, violenta, insegura y con una sobreactuación policial y militar asfixiante. Policía por todos los lados que precisamente no dan seguridad en absoluto, más bien todo lo contrario. Y el ejército en traje de campaña y armados, en calles, estaciones de metro y de tren. Por si fuera poco, la delincuencia sobre todo en el metro, desbordada, con carteristas que hacían su agosto teniendo como cebo a los numerosos turistas.
Y... de repente me encuentro con Amsterdam, ciudad limpia, ordenada, civilizada. No se ve apenas policía y mucho menos ejército. La gente no grita al hablar, son amables y enjambres de bicis recorren la ciudad, no porque vayan a sitio alguno, sino que como todos sabemos, la bici es la reina de la ciudad.
Tranvías por todas las partes, silenciosos, no contaminantes. No hay ruidos, canales tranquilos con sus barquitos. Y sobre todo la arquitectura. Qué edificios más bonitos! Qué bien planificado está todo. Las casas son un elogio a la buena arquitectura y como curiosidad, no tienen ningún tipo de antena en la parte superior.
Hay que tener mucho cuidado cuando llegues a un carril bici que están por todas partes: de repente aparece un montón de ciclistas, que cual banda de estorninos van de un lado a otro sin rumbo fijo. Creo que tienen preferencia absoluta sobre el peatón. De todas formas es bastante más peligrosa la circulación de bicis en Pamplona que allí. Aquí van a traición por cualquier sitio. Allí no. Y si hay algún problema, frenan de una forma educada.
Así la la Venecia del Norte, me ha encantado. Es otro mundo y lo que se aprecia es educación y civilización. Nada más y nada menos.





