El único mérito que tiene el capitalismo es el haber sido capaz de producir cantidad ingente de cosas y servicios, de una manera eficiente. Pero la trampa de centrar todo en cada vez mayor tasa de beneficio, le lleva a sus crisis cíclicas que tradicionalmente se resuelven con guerras.
Simplificando un poco diríamos que la actividad económica mundial se divide en dos espacios irreconciliables: el mercado especulativo de capitales y la economía real de las cosas. Debo decir que el mundo anglosajón apuesta por la especulación, mientras que países emergentes y con recursos naturales apuestan por la producción de cosas.
Pero no me quiero desviar del objeto de este escrito que no es otro que cambiar de una forma radical la labor de los bancos. Los bancos tienen que dejar el monopolio de las cuentas, pasando a ser un servicio público, como la sanidad y la educación. Entonces todo el mundo tiene una cuenta gratis en estas instituciones del estado o de las comunidades autónomas en las que ni se paga interés ni se cobra por las transacciones. Esto quiere decir que cualquier ciudadano tiene derecho a préstamos sin interés, con las garantías que establezca esta banca pública.
¿Desaparece la banca privada? No lo creo. En el hombre subyace un jugador en potencia y dudo mucho que se terminase el mundo de la bolsa, las acciones, los futuros y las inversiones. Pero... hemos logrado que papá estado no tenga que hacerse cargo de las bancarrotas bancarias que suceden de tiempo en tiempo. El que se mete en el juego especulativo, lo hará bajo su responsabilidad y si el banco quiebra las pérdidas las asumirá el cliente y sólo el cliente.
Con este planteamiento ¿Quién pediría un crédito a un banco a una tasa de pongamos pongamos por caso el 5%, cuando el banco publico te lo da al 0%? Si por otra parte tienes mucho dinero, es lógico que alguien quiera sacar un beneficio, pero exponiéndose a los riesgos sistémicos a los que está sometida esa banca privada. Resumiendo una parte del capital global estaría en manos del estado y controlado y otra parte quedaría en manos de ese casino financiero en el que está convertido el mundo. No se solucionarían todos los problemas pero por lo menos se atenuarían.
Lo deseable es que sólo hubiera banca pública, pero eso sería chocar de una forma frontal con la innata afición del humano al juego y a las apuestas. Esa banca privada, al estar controlada, siempre será mejor que actividades clandestinas de préstamo y dé inversión que surgirían como setas en otoño.
Yo pienso, que con este esquema, la inflación se reduciría muchísimo.









