No se si es muy acertado llamarme a mí mismo pintor. Pero la realidad es que como tantos otros millones de seres humanos, empleo el lápiz y la brocha fina, con el resultado de unos cuadros que podéis ver en este blog.
Más de una vez me he quejado de que mi cerebro no me permitía pintar: cuando me ponía a la faena, sufría un bloqueo total, algo extraño, como si esto no fuera conmigo. Y la verdad es que pinto monas desde hace setenta y cinco años.
Pero ayer por la tarde, por fin pude reanudar un cuadro que comencé en 2023. En total le habría dedicado unas cuatro sesiones en ese año, el 2024 nada y en 2025 una sola sesión.
Ayer estuve una hora y parece algo milagroso: otra vez logré sintonizar el cerebro con mi mano y los pinceles y el resultado no solo fue aceptable, sino que me produjo una relajación increíble. Así, que hoy ya estoy esperando con impaciencia la hora de volver a la tarea.
Amigos lectores, en breve veréis mi última obra. Mi alegría no cabe en este folio.
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