Recuerdo el chupinazo de 1959. Me había construido una radio de galena y escuché la retransmisión por la radio desde la terraza de mi casa: el sonido del cohete, sonó primero en la radio y luego en directo. Elemental, ya que la retransmisión por radio era prácticamente instantánea y el sonido directo necesitaba un segundo para recorrer trescientos cuarenta metros.
Esto viene a cuento a que en el día de hoy, a la hora del encierro he escuchado el cohete en directo y bastante tiempo después en la televisión. La explicación es simple. La señal de radio debe recorrer 36.000 kilómetros desde tierra al satélite y otros 36.000 del satélite a la tierra lo que ya de entrada, da un tercio de segundo de retraso. Eso sin contar con los producidos por enlaces que viajan por internet. La consecuencia es que han pasado unos diez segundos, entre un sonido y otro. Todo lo que vemos va con mucho retraso. Y no hablemos de los concursos que ofrecen en TV: esos sí que llevan retraso. Hace poco vi uno y enseguida me di cuenta que estaba grabado hace mucho, por la ropa que llevaban los participantes. Una de las preguntas hacía referencia a David Hockney y a un cuadro suyo que se había vendido por más de noventa millones de dólares. El presentador, muy enterado él, dijo que era el cuadro de mayor valor vendido por un pintor vivo. Yo me dije: qué cosa más rara dice este señor, si David Hockney hace tiempo que falleció. Claro, cuando grabaron el programa, igual en abril o mayo, aún vivía. Lamentable.
La consecuencia de todo este rollo que os he contado, que probablemente no interesará a nadie, es que casi nada de lo que percibimos como real, es tal. Los humanos, chapuceamos alegremente en la simulación y no pasa nada. Felices fiestas.

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