Así es, tal como os lo digo. No quiero desplazarme, aunque sólo sean treinta kilómetros, para ver una fenómeno que se repite de forma cíclica. De hecho, tengo recuerdos de mi juventud, de haber presenciado un eclipse de sol, posiblemente parcial.
Las razones son varias, pero me parece una locura la cantidad de gente que se va a desplazar a esa relativa estrecha franja. Eso sin contar los peligros a los que someteremos nuestras retinas, pese a llevar gafas homologadas. Iruña no queda dentro de esa franja y por lo tanto me quedaré sin esa sensación de que se haga de noche por unos dos minutos.
De todas formas, cada uno tiene su pedrada y no voy a criticar a la gente que empleará tiempo, esfuerzo y dinero para ver ese fenómeno único. Pero ya os lo digo: yo no lo veré.

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