viernes, 31 de julio de 2026

VIAJAR EN AVION

Confieso que tenía cierto temor a viajar en avión, no por el vuelo en sí, ya que me encanta volar, sino por  la abundante literatura que hay al respecto, en cuanto al calvario que sufren los pasajeros, por los tiempos de espera, controles, retrasos, etc. etc.

Nada más lejos de la realidad. En mi reciente vuelo desde Bilbao a un país europeo, no tengo más que cosas buenas que relatar. De entrada, el truco importante es considerar el día de embarque como día de vacaciones. A las 12 de la mañana estábamos en el aeropuerto de Loiu, para un vuelo con salida a las 17.15. Lo dicho, las cinco horas y pico de espera, son parte importante de las vacaciones, así como el viaje desde Iruña a Loiu. 

Empezando por el parking de larga duración, hasta el paseo gratificante hasta la terminal con un montón de diversiones posibles: tiendas, bares, restaurantes, observación de despegues y aterrizajes, etc. etc. Una auténtica gozada.

Es bastante importante no llevar maleta de mano. Como mucho un bolso, cuanto más pequeño mejor, donde llevaremos lo mínimo imprescindible, ya que va a ser lo que te van a registrar. Así que una vez facturada la maleta, a disfrutar del aeropuerto hasta la hora de pasar el control.

En lo de pasar el control, hay que tener muy claro que no se puede llevar absolutamente nada encima más que la ropa. Así de claro. Por lo tanto, dejaremos el bolso, cartera, cinturón, bolígrafo, gafas, todo, todo, en la bandeja. Una vez pasado el control, hay otro aleatorio, donde eligen un pasajero para un examen más profundo y en este caso me tocó a mí. La vigilante de seguridad, me preguntó: ¿Tiene inconveniente de que le hagamos un control exhaustivo? Por supuesto que no, le respondí. La guardia me comentaba que un señor, un poco antes, le había montado un pollo, enfadadísimo por el control y que ella hacía su trabajo y tal y cual.

Yo esperaba, como en las películas, un perro policía husmeando mi bolsito, registro a fondo de todo mi ser, pero de eso nada de nada. Decepción absoluta. Me manda poner el bolso de mano en una plataforma y vuelve luego con dos tiritas blancas que las pega encima. Las retira y me dice: ya se puede ir. Yo, decepcionado le dije: ¿Eso es todo? Sí, eso era todo y me fui con las ganas.

De todas formas, fue una experiencia interesante y no entiendo cómo el señor anterior se mosqueó. Una vez pasado el control, hay una amplia zona de espera, con cafeterías, tiendas y amplios ventanales, desde se ven todas las maniobras de los aviones. Nada que ver con Pamplona, que con las últimas reformas, el pasajero está literalmente enjaulado.

De lo demás, el despegue, el vuelo y demás. Volveré a volar y ahí os muestro un video del acontecimiento. 





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